ENTREVISTA A FEDERICO PERETTI, DIRECTOR DE “EL OTRO FÚTBOL”

ENTREVISTA A FEDERICO PERETTI, DIRECTOR DE “EL OTRO FÚTBOL”
1 abril, 2014 OFFside

Texto de Roger Xuriach (originalmente publicado en el #25 de la revista Panenka)

Nacido a diez cuadras del Monumental, Federico Peretti (Belgrano, 1980) pasó su infancia pegado al transistor y a la ventana de su habitación, desde donde veía el cartel autotrol del estadio de River iluminarse cada vez que alguien marcaba un gol. Su pasión por los “Millonarios” le motivó a convertirse en periodista y reportero gráfico. Pero acabó tan decepcionado con la toxicidad del negocio del balón que en 2009 agarró su cámara réflex y recorrió durante tres años los puntos más inhóspitos de la Argentina. Filmó y fotografió a 140 clubes de las categorías menores del fútbol de la AFA y en 2012 el proyecto vio la luz en forma de documental. El otro fútbol es una mirada nostálgica, romántica e íntima al fútbol más auténtico y olvidado.

-La primera vez que pisé el Monumental fue en 1991. Aquella sensación aún la tengo grabada. Nunca más la sientes de vuelta. Es única. Además, mi padre pagó un asiento en la platea más cara para que el recuerdo fuera aún más bonito. En 2009 tuve una sensación similar, volví a acceder al terreno de juego de River pero como reportero gráfico.

-Seguir a River era lo que había anhelado toda mi vida. Pero me tocó vivir el descenso del club al abismo. Y lo que vi me alejó del equipo. Las canchas repletas de gente angustiada, llorando, mientras el presidente y los jugadores se iban matándose de la risa al vestuario… Se derrumbó el castillo que siempre había imaginado. Descubrí con toda su crudeza que el futbolista profesional no sentía la misma pasión que el hincha. Entonces decidí empezar el proyecto de El otro fútbol, viajar a lugares cada vez más lejanos y volver a impregnarme del romanticismo de este deporte.

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-Fueron tres años de rodaje. Mi equipo y yo viajamos por toda Argentina: Ushuaia, La Quiaca, el Oeste, Litoral… También grabamos en Buenos Aires, donde despertábamos un recelo mayor. “¿Sós de la policía?”, me decían. Pero a 1.000 o 3.000 kilómetros de la Capital Federal, la cosa cambiaba: el hincha nos preguntaba qué clase de enfermedad teníamos para interesarnos por sus historias. Y crecía la curiosidad. Y la familiaridad. Todo era más puro, más auténtico.

-Con el documental pretendimos contextualizar lugares comunes del fútbol de Ascenso y encontrarle el sentido a su pasión. En el fútbol argentino hay poesía más allá del grito o el gol. Queríamos acercarnos a estas historias desde la intimidad. De hecho, el documental está filmado con una cámara réflex digital porque visitamos lugares donde nunca antes había entrado una cámara de televisión y eso tiende a modificar el comportamiento de la gente. Tras filmar arengas dentro de un vestuario ocurría que los jugadores venían a preguntarme cómo había salido la fotografía. Al recordarles que, en realidad, estaba grabándoles se ponían las manos en la cabeza: “¡Lo que habremos dicho, viejo!”.

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-¿Qué lleva a un abuelo que nunca ha visto a su club ganar un título y que sólo cuenta con 50 hinchas en los días de partido a seguir yendo al campo y a llevar a su nieto a verlo? Ya no se trata del juego, se trata de todo lo emparejado a las historias familiares, sentimentales. Con El otro fútbol descubrí que las vidas y valores de muchas familias pivotan en torno al club. ¿Por qué un nene de cinco años puede ser fanático de un equipo de sexta división? Este vínculo no se perderá jamás porque el chico crecerá y continuará la tradición. No existía en Argentina ningún documental sobre el fútbol del Ascenso. En 120 años de historia no había testimonios. Y yo sólo visité 140 de los 3.500 clubes registrados en todo el país…

-El nombre del documental debía ser El Fútbol, porque el ‘otro’ fútbol es, en realidad, el que nos cambiaron. Sin darnos cuenta, hemos convertido el fútbol humilde en la reliquia, el objeto de culto, la rareza. En los 80 recuerdo que el fútbol profesional no tenía tantas pretensiones, se sentía aún el olor a amateurismo. ¡Podía parecer incluso que los jugadores jugaban por amor a la camiseta! Hoy no. En los bares se ve el clásico español antes que el de la ciudad. Donde yo vivo, en Villa Crespo, es más fácil encontrarse un chico con la camiseta de Cristiano que con la de su equipo, el Atlanta.

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-El ‘Fútbol para Todos’ se aplicó para prolongar el opio al pueblo. Pero la jugada salió mal: desde que el Estado distribuye el dinero de los derechos televisivos los clubes gastan más y tienen más deudas. Se quedan el dinero extra en lugar de invertirlo. Lo que más admiro de los clubes chiquitos, los que visité, es que no les interesa el resultado, prefieren arreglar el estadio, ampliar la oferta deportiva a sus socios, fomentar la parte social.

-El barra brava, etimológicamente, es el hincha robusto que cuidaba las banderas, insultaba al rival y alentaba a su equipo. Esto se ve en todas las divisiones y en todos los clubes. El tema es que a los hinchas de los clubes modestos sólo les preocupa esta visión primitiva. En el fútbol de Primera hace tiempo que no se ven enfrentamientos entre barras de Boca y River. El problema de las barras es que se pelean entre ellas, a nivel interno, porque justamente están metidos en negocios de jugadores, merchandising, recaudaciones. Son pequeños empresarios de la pasión. Me encontré hinchas que daban miedo en clubes humildes; pero el barra brava de un club grande si te mata es para sacarte el dinero.

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-Los clubes que han intentado acabar con los violentos se han quedado solos al recibir amenazas. A otros dirigentes directamente no les interesa, pues participan de los negocios de las barras. ¿Qué hace el Estado? Prohibir al hincha ir a un estadio como visitante y unir a los violentos, como hizo con la creación de ‘Hinchadas Unidas Argentinas’, una especie de sindicato con representantes de cada barra que, además, goza de privilegios. De hecho, el gobierno los envió al Mundial de Sudáfrica a gastos pagados. Esto es muy argentino, tapar las cosas en lugar de solucionarlas.

-Cuanto más humilde es el club, más pasión genuina desprende. No sé qué pasaría con estos equipos si viniera un magnate y pusiera dinero. ¿Adquirirían vicios del fútbol profesional? Puede. Lo que está claro es que cuando no hay recursos, la solidaridad e implicación del hincha con el club aumentan porque de ello depende la existencia de la entidad.

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